miércoles, 25 de julio de 2012

Bibliotecas reunidas en La Ciudadela


Bibliotecas reunidas en La Ciudadela


 Las bibliotecas personales de cinco grandes personajes de México fueron compradas por el gobierno y se encuentran a disposición de la ciudadanía


 El Universal

 Cuando en el mundo se habla de la desaparición de los libros de papel, en la Ciudad de México cinco bibliotecas personales desafían la era digital y pretenden ser el puente entre los libros convencionales y las nubes virtuales.

En el centro de la Ciudad de México, La Ciudadela, un majestuoso edificio colonial construido originalmente para ser fábrica de tabaco, recibe 216 mil ejemplares de cinco coleccionistas y conocidos hombres de letras y se vuelve la nube a la que se podrán conectar miles de bibliotecas de todo el país.

Las bibliotecas personales del escritor Carlos Monsiváis, los poetas Alí Chumacero y Jaime García Terrés, del ensayista y crítico literario José Luis Martínez y del académico y erudito Antonio Castro Leal tendrán cada una un espacio diseñado para la consulta de sus colecciones.

El conglomerado, conocido como La Ciudad de los Libros, es uno de los proyectos que pretende convertir a México en la “Plataforma Intelectual del Español”. Las colecciones de libros más importantes del México del siglo XIX salieron del país y se encuentran en Austin, Texas.

La Ciudad de los Libros es una forma de conservar estas colecciones personales de hombres del siglo XX en México, pero al mismo tiempo compartirlas con el mundo.


Edificio verde


La biblioteca de La Ciudadela se ha concebido como un edificio verde por su bajo consumo de energía, de agua y con bajas emisiones de contaminantes. El proyecto incluye, entre otros aspectos, la ampliación de la librería que llevará el nombre de Alejandro Rossi, salas de lectura y digitales, una biblioteca para niños, una bebeteca, un área para personas con discapacidad visual, una galería para exposiciones; el teatro se hará de usos múltiples, habrá nuevas oficinas y se conservará el fondo reservado.

 Sáizar señaló que hay espacio aproximado para 15 bibliotecas personales y el fondo reservado. La idea, en este sexenio, es dejar concluidas cuatro privadas, el fondo reservado y «dejar adquiridas dos o tres más personales para que el proyecto continúe en el futuro».

 Para la funcionaria, el proyecto de la Biblioteca de México tendrá «repercusiones tan vastas que hará de este sitio en el siglo XXI un lugar donde coincidan el resguardo de la memoria y el impulso a la cultura».

 También aseguró que en la zona "pasarán cosas de manera colateral, como cuando se remodeló el cine Bella Época. El crecimiento de la colonia Condesa se jaló a partir de la apertura del Centro Cultural Bella Época y la librería Rosario Castellanos".

domingo, 22 de julio de 2012

¡¡¡¡Esto se puede hacer en México!!!!!!

Esto es lo que ha hecho Hollande en 56 días en el cargo:

- Ha suprimido la mayoría de los coches oficiales y los ha subastado; y lo recaudado se destina al Fondo de Bienestar para ser distribuido a las regiones con el mayor número de centros urbanos con los suburbios ruinosos.
- Ha hecho enviar un documento (doce líneas) a todos los organismos estatales dependientes de la administración central en el cual les comunicaba la abolición de los "vehículos de empresa" desafiando de manera provocativa e insultando a los altos funcionarios, con frases como "si un ejecutivo que gana 650.000 euros año, no puede permitirse el lujo de comprar un buen coche con sus ingresos del trabajo, quiere decir que es demasiado ambicioso, que es estúpido, o que es deshonesto. La nación no necesita ninguna de estas tres figuras". Touchè. Fuera los Peugeot y los Citroen. 345 millones de euros salvados de inmediato, y trasladados a crear (apertura 15 de agosto 2012) 175 institutos de investigación científica avanzada de alta tecnología, asumiendo la contratación de 2560 jóvenes científicos desempleados "para aumentar la competitividad y la productividad de la nación".
- Ha abolido el concepto de paraíso fiscal (definido "socialmente inmoral") y promulgó un decreto presidencial de de urgencia estableciendo un porcentaje del 75% de aumento en la tributación para todas las familias que, netos, ganan más de 5 millones de euros al año. Con ese dinero (manteniendo así el pacto fiscal) sin que ello afecte un euro al presupuesto, ha contratado a 59,870 licenciados desempleados, de los cuales 6.900 desde el 1 de julio de 2012, y luego otros 12.500 el 1 de septiembre como profesores en la educación pública.
- Ha privado a la Iglesia de subsidios estatales por valor de 2,3 millones de euros que financiaban exclusivos colegios privados, y ha puesto en marcha (con parte de ese dinero) un plan para la construcción de 4.500 jardines de infancia y 3.700 escuelas primarias, iniciando un plan de recuperación la inversión en la infraestructura nacional.
- Ha establecido el "bono-cultura" presidencial, un mecanismo que permite a cualquiera pagar cero impuestos si se constituye como cooperativa y abre una librería independiente contratando al menos dos licenciados desempleados de la lista de desempleados, con el fin de ahorrar dinero del gasto público y realizar una contribución mínima al empleo y al relanzamiento de nuevas posiciones sociales.
- Ha abolido todos los subsidios gubernamentales a las revistas, fundaciones y editoriales, sustituyéndolos por comités de "emprendedores estatales"" que financian acciones culturales sobre la base de la presentación de planes de negocio relacionados con estrategias de mercado avanzadas.
- Ha puesto en marcha un procedimiento muy complejo en el que ofrece a los bancos una elección (sin impuestos): Quien proporcione préstamos blandos a empresas francesas que produzcan bienes recibe beneficios fiscales, quien ofrece instrumentos financieros paga una tarifa adicional: lo tomas o lo dejas.
- Ha reducido en un 25% el sueldo de todos los funcionarios del gobierno, el 32% de todos los diputados y el 40% de todos los funcionarios estatales de alto nivel que ganan más de 800 000 € por año. Con esa cantidad (alrededor de 4 millones de euros) ha establecido un fondo que ofrece garantías de bienestar a las "madres solteras" en condiciones financieras difíciles garantizándoles un salario mensual por un período de cinco años, hasta que el niño vaya a la escuela primaria, y tres años si el niño es mayor. Todo ello sin modificar el equilibrio del presupuesto.
Resultado: pero miren qué SORPRESA! El diferencial con los bonos alemanes cayó, por arte de magia. Ha llegado a 101 (el nuestro viajando por 570). La inflación no ha aumentado. La competitividad de la productividad nacional se ha incrementado en el mes de junio por primera vez en tres años. ¿Hollande es un genio de la economía?

martes, 3 de julio de 2012


El inicio de un día en sombras...

Ena Krite

Un triste despertar para un país resquebrajado, es una caja de lego donde ninguna pieza se ensambla con la otra. Sin embargo, un buen día para recapacitar y tal vez, como en una novela de Gioconda Belli, vivir las emociones, no a través de un volcán, sino desde el fondo del cráter "político" que traga la existencia de una nación, todavía en pañales.

El libro que no puede esperar

Y si un día desaparecieran las letras de todos los libros, periódicos, revistas, carteles, diminutos trozos de papel impreso sobre los cuales navegan nuestros ojos cada día. Y si un día, aún videntes, no podemos jamás volver a leer. Imaginen el terror que desatarían esas millones de páginas blancas, esos papeles mudos para siempre.
En Argentina, la librería y editorial Eterna Cadencia ha conjurado esa pesadilla. Para ello se confabularon con la agencia publicitaria DraftFCB y juntos crearon "el libro que no puede esperar", una edición cuyo contenido se borra apenas dos meses después de abierto el volumen.
La trama nació en una Feria del Libro en Santiago de Chile, cuando un panel de escritores latinoamericanos lanzó una pregunta: "¿Por qué no nos leemos?" Los autores del continente se inquietaban por el desconocimiento de las jóvenes generaciones de narradores fuera de sus países de nacimiento. América Latina, aunque conecta geográficamente a millones de lectores con una lengua común, parecía a su juicio un archipiélago de islas literarias aisladas.
Entonces a DraftFCB se le ocurrió la idea de crear un libro que obligara a una lectura urgente, ineludible, a riesgo de que el texto se desvaneciera. Eterna Cadencia propuso "El futuro no es nuestro", una antología de joven narrativa latinoamericana editada en 2009. En la impresión se utilizó una tinta especial, que permanecía visible solo dos meses después de abierto el embalaje plástico sellado.
"Pensamos que es una manera mágica y poética de contar un problema real. Quisimos hacer un libro que fuera un mensaje en sí mismo. Que nos incentivara a leer a estos autores antes de que sus relatos desaparezcan de verdad, ahí delante de nuestros ojos", contó Javier Campopiano, Director General Creativo Regional de DraftFCB, al blog de Eterna Cadencia.
Y como las letras de ese volumen provocador, la huella de los nuevos escritores latinoamericanos desaparecería si sus primeras obras no se leen, si se pierden en las librerías ante la indiferencia de los lectores escépticos porque desconocen su talento.
El "libro que no puede esperar" nos recuerda que, a pesar de su declinante popularidad como medio de entretenimiento e instrucción, la literatura sobrevive y genera millones de páginas cada año. Páginas que relatan la existencia humana, la herencia de una civilización cuyos fatales olvidos quizás ningún ser comprenderá en los inciertos siglos venideros.

El libro que no puede esperar

domingo, 17 de junio de 2012

(Junto con Phillip Roth y el recién fallecido Carlos Fuentes, DeLillo es uno de los más antiguos y posibles en la lista de candidatos al Nobel)


Con Don DeLillo


Eduardo Lago

 De los cinco autores vivos más importantes de la literatura actual en lengua inglesa, sólo uno, J. M. Coetzee, no es estadounidense. Los otros cuatro (Thomas Pynchon, Cormac McCarthy, Philip Roth y Don DeLillo) se mueven en órbitas muy distintas entre sí.
Roth indaga en la condición humana como si los cambios acaecidos en el arte de novelar después del siglo XIX no fueran con él. McCarthy, cartógrafo del mal, es el más fiel seguidor de Faulkner. Con ribetes de genio loco, Pynchon llega a regiones a las que casi nadie tiene acceso. Coetzee, por su parte, comparte con DeLillo una visión humanista del arte en la que el rigor técnico está al servicio de la gratificación estética.




 Don DeLillo nació en el Bronx en 1936, en el seno de una familia católica de origen italiano. Las obras psicologistas y posmodernas de De Lillo tienen reminiscencias de otros escritores estadounidenses como John Dos Passos o Jack Kerouac, en un análisis constante de la psicología del individuo frente a la opresión del poder mediático y corporativo.

 En 1985 ya había obtenido el National Book Award por "Ruido de fondo", y en 1999 el Premio Jerusalem por el conjunto de su obra. Su formidable corpus novelístico incluye varias obras maestras. Reducido al mínimo, el canon esencial de Don DeLillo debería incluir los siguientes títulos: "Great Jones street" (1973), "Ratner's star" (1976), "Los nombres" (1982), "Ruido de fondo" (1985), "Libra" (1988) y "Mao II" (1992). En 1997 vio la luz "Submundo", su obra maestra.

La entrevista tiene lugar en Amster Yard, un edificio histórico en el centro de Manhattan, hoy sede del Instituto Cervantes, a dos manzanas de la calle 47. Don DeLillo se presenta con una campera y gorra de beisbol. Durante la charla, transmite una curiosa sensación de invisibilidad, casi como si no estuviera en la habitación. Después de que se ha ido se percibe en toda su plenitud su hondo calado humano.

 - —¿Es la literatura un intento de vencer a la muerte?
- —Posiblemente sí. Es una cuestión filosófica... en la que no pienso deliberadamente, aunque es obvio que aflora de manera sostenida en mi trabajo. La muerte es el gran tema de mis novelas. Lo domina todo, sea de forma explícita o velada, aunque esté agazapada en un rincón. La creación de lenguaje es un acto de fe en virtud del cual el escritor busca trascender lo ordinario; a la postre, eso se traduce en un intento de trascender la muerte.
Acabo de poner punto final a una obra de teatro cuyo asunto central es la muerte. No es algo buscado; surge espontáneamente cuando escribo, cuando pienso, cuando paso años entregado a un libro: hela ahí, al fondo, agazapada, pidiendo que alguien la entienda y logre trascenderla. Y nosotros, los seres humanos; nosotros, los escritores, somos tan ingenuos que creemos que lo podemos conseguir.

 - —¿A qué obedece la presencia continuada de terroristas en sus novelas?
- —Desde un principio asumí que ser escritor implicaba tratar de comprender el hecho de que vivimos en tiempos peligrosos. En esencia, el sentido de mi trabajo no es otro que afrontar ese reto. Todavía no me había formado como escritor cuando tuvo lugar un acontecimiento histórico que me marcó: el asesinato del presidente Kennedy. Las consecuencias de aquella acción violenta hicieron mella en la cultura de nuestro tiempo: suspicacia, miedo, paranoia, la sensación de que el curso de la historia está en manos de fuerzas ocultas.
Mis novelas recogen los ecos del impacto de aquel hecho emblemático. Si tachar a Lee Harvey Oswald de terrorista es adecuado o no, es cuestión de terminología. Lo que no se puede negar es que su acción desencadenó un sentimiento de terror colectivo que impregnó la cultura. El novelista es testigo del terrorismo y tiene que responder.

 - —¿Por qué suele afirmar que la narrativa del mundo ha dejado de ser propiedad de los escritores?

 - —Se la han arrebatado los terroristas, los dictadores, los tiranos. En épocas de menor complejidad, lo que yo llamo "la narrativa del mundo" estaba en manos de los grandes novelistas. La escritura de Dickens dimanaba directamente de su época, a la vez que la definía. Los dos últimos escritores cuya obra permitía asomarse a la manera de pensar y de sentir de un período fueron Kafka y Beckett. La lectura de Kafka ofrece una clave para comprender algo acerca de la naturaleza de la vida, del pensamiento, de la psicología de su época. No se puede decir algo semejante de los novelistas de hoy. El peligro que define nuestra época es de índole muy extraña. El terrorismo ha suplantado los temores de la guerra fría. Su amenaza afecta a nuestra intimidad de manera inmediata.

- —¿Qué significa escribir para usted?

 - —Cuando era joven escribía para dar expresión a lo que me rodeaba. A estas alturas, escribir no es sólo lo que hago, sino lo que soy. Para mí, escribir es vivir. Hay un componente poético. Como escritor, busco crear un lenguaje que sea bello y preciso. Me interesa el aspecto material del mundo: describir el tiempo atmosférico, los rostros de la gente, la habitación que ocupa un personaje. Ahí radica el núcleo de mi ficción. Muchos novelistas de hoy, novelistas importantes, tienen una visión ensayística de la escritura. Yo necesito ver gente, percibir colores, escuchar sonidos. En este sentido sigo siendo un escritor tradicional.

 - —Treinta años después de su publicación original, acaba de aparecer la primera versión en castellano de "Jugadores". ¿Qué les diría a sus lectores?

 - —Como en todas mis novelas, hay una preocupación por el lenguaje, que en este caso refleja el de un tipo social para el que entonces se carecía aún de nombre. Me refiero a los "yuppies". Puse mucho cuidado en reflejar su manera de hablar, que es síntoma de toda una manera de entender la vida. A la postre, de lo que se trata es de mostrar una forma de comportamiento carente de seriedad, que acaba por acarrear graves consecuencias a los protagonistas, entre otras cosas porque le dan la espalda al hecho de que nos ha tocado vivir una época que es muy peligrosa.

- —¿Fue laboriosa la gestación de "Submundo"?

- —Inicialmente, me propuse escribir un relato sobre un determinado partido de beisbol que tuvo unas connotaciones muy especiales, pero enseguida descubrí lo mucho que se ocultaba tras aquella historia. Uno de los grandes temas de Submundo es la noción de conflicto. En un sentido primario, se trata de la guerra fría, que ocupa una buena parte de la novela, pero además del conflicto histórico, están las consecuencias de la guerra fría y cómo afectó a la gente en su manera de sentir y de pensar. La gente tuvo que seguir viviendo a través de aquella crisis histórica. El partido de béisbol que abre la novela es una forma de contrahistoria. La gente de a pie debe vivir a contramano de la Historia, trascendiéndola, protegiéndose de ella.

 - —¿Qué escritores considera afines a usted?

- —Normalmente se asocia mi nombre con los de William Gaddis y Thomas Pynchon, escritores que admiro profundamente. Casi nadie se da cuenta de la importancia de Norman Mailer, que fue una fuente de inspiración importante para mí cuando era joven, sobre todo en los sesenta. Mailer escribía una ficción arriesgada y se involucró hasta los tuétanos en el revuelo de la época. Mailer es alguien a quien siempre vale la pena escuchar y leer. Es una fuerza en la cultura, y sigo admirándolo mucho.

 - —¿Cómo es su relación con las palabras?

 - —Cuando escribo una frase, no me fijo sólo en cuestiones de sonido, ritmo y forma, de cómo abrirla y cerrarla. Me interesa el aspecto visual de la escritura, letra a letra, palabra a palabra. A veces se dan relaciones internas, como cuando un vocablo contiene a otro en su seno.

- —¿Podría hablar de su interés por el ámbito de lo no verbal?

 - —Mi interés por lo que hay más allá del lenguaje proviene de Herman Broch y el Rilke de la novena "Elegía del Duino". Como escritor, me interesa explorar lo que el lenguaje no puede alcanzar. En "Los nombres" se cometen actos violentos inspirados por el alfabeto. Se busca la coincidencia entre un nombre de lugar y el de una persona, y ello decide la muerte violenta de ésta. Muchas veces me he preguntado si no es eso lo que les acaece a los terroristas. Enajenados de la cultura y de la historia, llega un punto en que pierden de vista toda motivación política o religiosa para convertirse en meros asesinos a sangre fría.

- —¿Cuáles son los ejes de la reflexión acerca de la naturaleza del tiempo que efectúa en "Body Art"?
- —Einstein dijo que el tiempo era una ficción. Mi intención era crear una ficción que pusiera de manifiesto esa verdad. ¿Cuál es la esencia del tiempo? Según los físicos es un continuum. ¿Qué mecanismos gobiernan su funcionamiento? ¿Existen distintas clases de tiempo? Por supuesto, no se trataba de escribir un ensayo acerca del tiempo, sino de llevar adelante una exploración narrativa a través de personajes vivos. Entonces se me ocurrió crear a Mister Tuttle, cuyo lenguaje es diferente al del resto de los mortales porque su experiencia del tiempo también lo es.

- —Dos meses después del atentado contra el World Trade Center, publicó "En las ruinas del futuro". ¿No le parece que su ensayo se centra exclusivamente en el punto de vista norteamericano?

- —Sí. Estados Unidos sigue siendo un país que se mira el ombligo, aunque por supuesto hay gente que tiene conciencia de que hay terrorismo en otras partes del mundo. Pero el atentado contra las Torres Gemelas entraña un significado especial, no porque... Me resulta raro decir esto... No porque los aviones se estrellaran contra las Torres Gemelas, no porque muriera tanta gente, sino porque las Torres cayeron. En eso estriba el impacto psicológico del atentado. Curiosamente, las Torres se construyeron pensando que podían ser el blanco de un ataque. Ya lo habían sido ocho años antes; pero que pudieran derrumbarse era inconcebible. Cuando eso ocurrió, el impacto sobre la psicología de los norteamericanos fue inconmensurable.

 - —Palabras suyas: "El tiempo que tenemos asignado es limitado. Cada novela alarga el pacto. ¿Cuántos libros nos es dado escribir?". La idea es angustiosa.

 - —Curiosamente, me ocurría más antes. Cuando estaba escribiendo "Ruido de fondo", no me podía quitar de la cabeza la idea de que me iba a suceder algo antes de haber acabado el libro. Al final, sólo tardé un año, pero escribir una novela puede suponer diez años. De ahí, en parte, la presencia de la muerte en mis novelas.

 Novelas

 Americana (1971, Americana)

End Zone (1972, Zona Final)

Great Jones Street (1973, Great Jones Street)

Ratner's Star (1976, Ratner's Star)

Players (1977, Jugadores)

Running Dog (1978, Fascinación)

Amazons (1980, Amazonas)

The Names (1982, Los Nombres)

White Noise (1985, Ruido de Fondo)

Libra (1988, Libra)

Mao II (1991, Mao II)

Underworld (1997, Submundo)

Body Art (2001, Body Art)

Cosmópolis (2003, Cosmopolis)

Falling Man (2007, El Hombre del Salto)

Point Omega (2010, Punto Omega)

 Ensayos

En las Ruinas del Futuro (2002)

Contrapunto (2004)

Teatro

The Day Room (1986)

Valparaiso (1999, Valparaiso)

Love-Lies-Bleeding (2005)

 The Word for Snow (2007)

Cine
Game 6 (Guión. Protagonizada por Michael Keaton y Robert Downey Jr.)

Una historia de 7,000 árboles




GENERAL LEVALLE, Argentina-Los pilotos miran a menudo con incredulidad cuando vuelan por primera vez sobre esta localidad en las fértiles pampas. Allí, en la monótona llanura, hay una arboleda de cipreses y eucaliptos en forma de una gigantesca guitarra. Tiene aproximadamente un kilómetro de largo.
Detrás de la gran guitarra de las pampas, y los aproximadamente 7.000 árboles que la componen, hay una historia de amor que tomó un giro trágico.

 La arboleda con los contornos de una guitarra es obra de Pedro Martín Ureta, un productor agropecuario que ahora tiene 70 años. La obra paisajística es un homenaje a su difunta esposa, Graciela Yraizoz, quien murió en 1977 a los 25 años. "Es increíble ver un diseño tan cuidadosamente planeado, a tanta distancia abajo", dice Gabriel Pindek, piloto comercial de Austral Líneas Aéreas. "No hay otra cosa así".
Ureta, de una familia estanciera con hondas raíces aquí, fue un bohemio en su juventud. Viajó a Europa y se codeó con artistas y revolucionarios. Tras volver al país a finales de los años 60, a los 28 años, fue cautivado por Yraizoz, quien apenas tenía 17 años.

 El párroco local casi se niega a celebrar la boda, recuerda Ureta, ya que no creía que el estanciero parecía lo suficientemente comprometido para amar a Yraizoz "todos los días" de su vida. Pero Ureta demostró ser extraordinariamente devoto a Yraizoz, dicen sus amigos e hijos, y la unión fue feliz, aunque breve.
"Ella era muy emprendedora, vivía haciendo cosas", dice Soledad, de 38 años, uno de los cuatro hijos del matrimonio. "Ella ayudó a guiar a mi papá. Vendía ropa".

 Un día durante un vuelo sobre la llanura pampeana, Yraizoz divisó un campo que, por obra de una peculiaridad topográfica, desde el aire parecía un balde, cuentan sus hijos. Fue entonces cuando ella comenzó a pensar en diseñar la propia finca de la familia en la forma de una guitarra, un instrumento que adoraba.
"Mi padre era muy joven, y estaba ocupado con su trabajo y sus propios planes", dice su hijo menor, Ezequiel, de 36 años. "Él decía 'después, hablemos después'".

Yraizoz, sin embargo, no tenía mucho tiempo para esperar. Un día en 1977, se desmayó. Había sufrido una ruptura de aneurisma cerebral, un debilitamiento en la pared de un vaso sanguíneo que terminó por explotar. Murió poco después, mientras llevaba en el vientre a quien hubiera sido el quinto hijo de la pareja.
Hoy, Ureta dice que la muerte de su mujer orientó su vida en una dirección más filosófica. Dice que se retrajo un poco. Leyó sobre el budismo. Ureta parafrasea un verso del cantautor y escritor Atahualpa Yupanqui que le quedó grabada en la cabeza: Galopaba mucho y lo mismo llegué tarde.

Unos años después de la muerte de su Graciela, Ureta decidió cumplir con sus deseos sobre el diseño de la estancia. Como los paisajistas con los que consultó estaban predeciblemente desconcertados, se hizo cargo del trabajo.
La mayor parte de la guitarra, como el cuerpo y la boca en forma de estrella, está hecha de cipreses. Ureta plantó seis filas de eucaliptos para que hicieran de cuerdas, cuyo tono azulado ofrecía un contraste desde la altura.

Plantar la guitarra fue un trabajo de toda la familia, y hacer que los jóvenes árboles crecieran fue más difícil.
Las liebres y los cuises destruían las frágiles plantas. "Es una zona semiárida y hay vientos fuertes y sequías", dice el estanciero. "Tuve que sembrar y resembrar y casi abandoné el proyecto".

Finalmente, Ureta tuvo una inspiración. Puso algunos metales de desecho y mangas protectoras en torno a los jóvenes árboles.

Cuando los árboles finalmente comenzaron a crecer, María Julia, la hija de 39 años, dice que fue lo más parecido posible a que la madre volviera a vivir.

Mientras se ocupaba de los árboles, Ureta estaba criando cuatro hijos. Todos los días, manejaba unos 15 kilómetros en su camioneta pickup para llevarlos a la escuela. Cuando la pickup se estancaba en el barro durante la temporada de lluvias, usaba un caballo para sacarla.

Hoy, el hijo mayor, Ignacio, de 42 años, es ingeniero; María Julia es representante farmacéutica; Soledad es profesora de educación especial; y Ezequiel es veterinario. Tiene nueve nietos.

Ureta espero un largo tiempo después de la muerte de Graciela para entablar una nueva relación seria, dicen sus hijos. En los 90, empezó a salir con María de los Ángeles Ponzi, que está a cargo de la farmacia del pueblo. No han contraído matrimonio, pero tienen una hija de 11 años, Manuela. Ponzi dice que aprecia la belleza del tributo a la primera esposa de su pareja.
Ureta nunca ha visto la gran guitarra desde el cielo, excepto en fotos. Teme volar.

 En Google Maps:



lunes, 28 de mayo de 2012

Algún día en alguna parte




In Memoriam: John Updike

Publicado en Memorias por Alguien


Cada día convivimos más con el ruido de fondo de crisis económicas, invasiones de países árabes, sorpresas de grandes gigantes farmacéuticos, reclamos de la industria del automóvil, crímenes horrendos, pavorosos terremotos devastadores, bolsas europeas que caen y caen y vuelven a caer, episodios de estupidez humana transmitidos día tras día como si fueran una serie televisiva sin guionista.
En semejante ambiente nuestra agitada vida de víctimas de lo mediático nos recuerda a un fragmento irónico de "El caballero inexistente" de Italo Calvino: “Debéis disculpar: somos muchachas del campo (…) fuera de funciones religiosas, triduos, novenas, trabajos en el campo, trillas, vendimias, fustigaciones de siervos, incestos, incendios, ahorcamientos, invasiones de ejércitos, saqueos, violaciones, pestilencias, no hemos visto nada”.
Es difícil en estas circunstancias de información masiva reparar en algo tan antiguo como una buena historia de ficción. Nos da la impresión de que no tenemos tiempo para ello. ¿Qué hacer ante semejante drama? Queda, de entrada, el consuelo de saber que nuestra conciencia es inmensamente más grande que todo el espacio mental que creen abarcar los responsables del gran lavado de cerebro colectivo. Porque en realidad el gigantesco espacio del Gran Lavado jamás podrá competir con todo aquello que es capaz de percibir, en su espacio natural de libertad, una conciencia humana.

Todavía nos quedan, creo, focos de libertad en nuestras mentes, los suficientes para tratar de escapar de la banal representación sin tregua del gran teatro de Oklahoma. Y sirva esto, de paso, para decir que sospecho que ese secreto éxodo trágico, esa gran huída del terror mediático, se está convirtiendo en la verdadera odisea moderna y que alguien debería novelarla, porque a fin de cuentas es tan sigilosa como apasionante.


Enrique Vila-Matas


El novelista John Updike (Shillington, Pennsylvania, 1932) falleció el día 27 de enero de 2009 en su casa de Beverly Farms (Massachusetts), víctima de cáncer de pulmón, según ha informado su editorial, Alfred A. Knopf, en "The New York Times".
Formaba, con Norman Mailer (fallecido en 2008) y Philip Roth el gran triunvirato de las letras americanas, desde que en 1960 publicara "Corre, Conejo", primera parte de una tetralogía compuesta además por “El regreso de Conejo (1971), “Conejo es rico (1981, premio Pulitzer 1982) y “Conejo descansa (1990, Pulitzer en 1991) en la que retrató inmisericorde la sociedad burguesa de los Estados Unidos.
Popularísimo en todo el mundo, era un prolífico autor de novelas, relatos, libros de poemas, ensayos literarios, con más de cincuenta libros a lo largo de una prolífica carerra que comenzó en los años 50 y que le hizo conquistar prácticamente todos los premios literarios del mundo, incluidos dos Pulitzer y dos premios National Book Awards.
Candidato eterno al premio Nobel, dio voz a una generación confusa tras la segunda guerra mundial, que tuvo que aprender a vivir en un mundo que cambiaba a velocidad de vértigo, desbordada a menudo ante los movimientos sociales de emancipación de las mujeres y de igualdad de derechos de las minorías.
A menudo la crítica celebró su estilo poético y su sensibilidad para retratar la realidad. Incapaz de permanecer al margen, el 11-S también le conmocionó profundamente, al punto de ser el motivo de su última novela, “Terrorista (Tusquets), sobre la que hablaba a mediados de 2007:
“La literatura produce modelos de seres humanos vivos que no tienen por qué estar de acuerdo con nosotros y pueden incluso ser nuestros enemigos. D. H. Lawrence dijo que la ambición de la literatura debía ser extender nuestras preocupaciones, y eso es lo que estoy intentando hacer, aquí y en otros libros anteriores. El ser humano debe mantener la tensión entre sus deseos y sus sueños, entre la realidad social que le rodea y sus obligaciones para con el prójimo. Y esta tensión no siempre llega a buen puerto y puede suponer un trauma para la condición humana.”
También respondía a la pregunta sobre si el 11-S es un punto de inflexión en la literatura norteamericana:


“Bueno, se ha podido exagerar mucho, pero nunca habíamos tenido tres mil muertos en una gran ciudad, con explosiones y con semejante caos. No habíamos visto tanta violencia en nuestra tierra desde la guerra civil. Así que, en ese sentido, sí que cambió las cosas. Ha cambiado el modo en que nos acercamos a los aeropuertos y a los edificios. Pero sí que es una exageración. Ya había terroristas antes, y había secuestradores, pero lo que en realidad ha cambiado para mí es el dolor constante que me producen los titulares desde Irak, Israel y Palestina, las bombas y el inagotable baño de sangre de la insurgencia iraquí. Me entristece que en un mundo que tiene tantas cosas positivas surjan conflictos tan irreconciliables y brote tanta sangre. Un novelista no puede dar respuestas políticas, pero sí describir el mundo que ve. Y 'Terrorista' es mi visión de una cierta parte de América, de una América, esperemos, distinta. "

Nacido en Shilligton, Pennsylvania (EEUU), el 18 de marzo de 1932, estudió en la Escuela Superior de Shillington y en el Harvard College, y desde 1955 a 1957 fue reportero de la revista "New Yorker". Allí desarrolló un estilo punzante y sarcástico con el que describía los vicios y virtudes de la vida cotidiana americana.
Desde 1957 vivió en Ipswich, Massachusetts, y se dedicó a escribir. En 1960 publica su primera novela, "Corre, Conejo", que más tarde se convertiría en la primera de una serie de enorme éxito. En ella aborda la problemática del hombre medio, Harold Angstrom, apodado "Conejo", un ex jugador de baloncesto que pretende adaptarse a la vida doméstica.

En “El Centauro (1963), explica a través de un adolescente las sensaciones y sentimientos provocados por una enfermedad como la psoriasis.
En 1967 fue galardonado con el premio O’Herry Story, y en 1982 con el del Círculo Nacional de Críticos Literarios.
En febrero de 1991 recibió el premio 1990 del Círculo de la Crítica Literaria de EEUU, en la categoría de ficción, por “Rabbit at Rest (Conejo en paz), la última novela de la serie "Rabbit" (Conejo) donde la enfermedad y muerte del personaje central, Harry Angstrom, ilustra el declive de EEUU.
En 1997 terminó la novela “Toward the end of time (Hacia el final de los tiempos). Poco después, escribió las primeras líneas de un libro en internet, bajo el título "Murder makes the magazine", que continuaron escritores anónimos durante 43 días.
En 1998, edita “La belleza de los lirios, donde una vez más muestra a la clase media norteamericana, a lo largo de cuatro generaciones de una misma familia y con el mundo del cine como telón de fondo. A lo largo de varios años ha figurado su nombre entre los candidatos al Premio Nobel.
Entre sus obras destacan: "La feria del asilo" (1959), "Corre conejo" (1960), "El Centauro" (1963), "En torno a la granja" (1965), "Parejas" (1968), "El regreso del conejo" (1971), "Cásate conmigo" (1976), "Golpe de Estado" (1980), "Conejo es rico" (1981), "Las brujas de Eastwick" (1984) (que fue llevada al cine), "S" (1988), "Rabbit at Rest" (1990), "Brasil" (1994), "Hacia el final de los tiempos" (1997), "La belleza de los lirios" (1998); "Hacia el final del tiempo" (1999), "Gertrudis y Claudio" (2000), "Conejo en el recuerdo y otras historias" (2003), "Busca mi rostro" (2004) y "Terrorista" (2007).
Estaba casado en segundas nupcias con Martha Ruggles, desde 1977. Su primera mujer fue Mary Pennington, con la que contrajo matrimonio en 1955. Tenía dos hijas y dos hijos.

Adiós al padre de Conejo.