EL ÚLTIMO LIBRO DE EDUARDO GALEANO
Ana María Mizrah
El escritor uruguayo Eduardo Galeano habló con LARED21 de su último libro: “Los hijos de los días”. Este nuevo libro “tiene la forma de un calendario. De cada día, nace una historia”. Se trata de 366 textos que, según el propio Galeano, son historias de invisibles que merecen ser contadas. "Los hijos de los días" se presentará los próximos 3 y 16 de abril en el Teatro Solís con entrada gratuita.
Según los mayas nosotros somos hijos de los días o sea que el tiempo es el que funda el espacio. El tiempo es nuestro papá y nuestra mamá y siendo como somos hijos de los días, lo más natural es que de cada día nazca una historia. Estamos hechos de átomos, pero también de historias. ¿Por qué este título: Los hijos de los días?
Dentro de esas historias hay muchas vinculadas a nuestra vida cotidiana. Usted señala: “vivimos en un mundo inseguro”. La particularidad es que plantea que existen diferentes concepciones sobre la inseguridad. ¿A qué se refiere?
Muchos políticos en el mundo entero, no es algo que le pase solo a nuestro país, explotan una suerte de histeria colectiva respecto al tema de la inseguridad. Te enseñan a ver al prójimo como una amenaza y te prohíben verlo como una promesa o sea el prójimo, ese señor, esa señora que anda por ahí, puede robarte, violarte, secuestrarte, engañarte, mentirte, rara vez ofrecerte algo que valga la pena recibir. Creo que eso forma parte de una dictadura universal del miedo. Estamos entrenados para tener miedo de todo y de todos y esta es la coartada que necesita la estructura militar del mundo. Este es un mundo que destina la mitad de sus recursos al arte de matar al prójimo. Los gastos militares que son el nombre artístico de los gastos criminales, necesitan una coartada. Las armas necesitan guerra, como los abrigos necesitan invierno.
Cuando habla de los miedos usted juega con esa palabra para así mencionar a los medios y tiene una historia que es “los miedos de comunicación”. ¿Qué lugar le atribuye a los medios en esos miedos?
A veces los medios actúan como miedos de comunicación, entonces se convierten en miedos de incomunicación. Esto no es verdad para todos, pero sí para algunos medios que en el mundo entero explotan esa suerte de histeria colectiva desatada con el tema de la inseguridad. Mienten, porque la inseguridad no se reduce a la inseguridad que se puede sufrir en las calles. Inseguro es este mundo y lo primero es la inseguridad en el trabajo, que es la más grave de todas y de la que nunca hablan los políticos que explotan el tema de la inseguridad. No hay nada más inseguro que el trabajo. Todos nos preguntamos: y mañana, ¿habrá quién me compre? ¿ volveré al lugar de trabajo donde hoy estuve? ¿habrá ocupado alguien mi lugar?
Ese miedo real a perder el trabajo o a no encontrarlo es la fuente de inseguridad más importante. A la vez inseguro es el mundo, la cantidad de personas que matan los autos en eso que llamamos accidentes de tránsito, en realidad son actos criminales a cuenta de los conductores que sacando permiso de manejar, tienen permiso de matar, o la inseguridad de la mayoría de los niños que nacen en el mundo condenados a morir muy temprano de hambre o de enfermedad curable.
Aparecen las historias de los desaparecidos, pero le menciono una en particular, llamada Plan Cóndor, donde la historia que se cuenta pertenece a Macarena Gelman. ¿Cómo fue para usted conocer a Macarena Gelman?
Empecé por conocer al papá de Macarena (Marcelo) y al abuelo Juan (Gelman) con quién trabajamos juntos en la revista CRISIS en Buenos Aires y que es mi amigo de toda la vida. Son muchos años de amistad o más bien de hermandad. Juan (Gelman) tuvo que irse de Argentina para seguir vivo, en aquellos días que se vivían en Buenos Aires, donde había que irse o esconderse. Entonces yo recibía con mucha frecuencia a su hijo Marcelo e hice de papá por algún tiempo, después lo mataron, y la otra historia es bastante conocida.
La mujer de Marcelo (María Claudia) fue secuestrada en Argentina. Eran acusados del delito de alborotar, delitos de dignidad que tienen que ver con el derecho estudiantil a la protesta. Esos eran los crímenes de chicos como ellos que fueron asesinados muy temprano. A María Claudia la asesinaron en Uruguay, donde ya funcionaba el mercado común de la muerte, que fue el que mejor ha funcionado porque el Mercosur todavía tiene dificultades graves.
El mercado de la muerte funcionó muy bien en aquellas horas del terror donde las dictaduras intercambiaban favores. Mandaron a María Claudia embarazada para Uruguay y aquí los militares uruguayos se hicieron cargo de la faena. Esperaron a que pariera, ella pasó sus últimos días, o quizás sus últimos meses en la sede de Bulevar Artigas y Palmar (SID) donde se descubrió la placa en recuerdo de María Claudia y todos los que estuvieron allí.
Me impresionó el contraste por la belleza exterior de ese palacio y los horrores que escondía. Después de parir la mataron y entregaron a su hijo a un policía, intercambio de favores. A partir de una búsqueda complicada de Juan (Gelman) y sus amigos, se logró encontrarla y ahora se llama Macarena Gelman.
Nos hicimos muy amigos y una vez cenando en casa, me contó esa historia que es parte de las historias de “Los hijos de los días” (libro). Es una historia muy intima, muy privada y le pedí autorización para publicarla. Es una historia rara pero reveladora. Cuenta que cuando todavía no sabía quién era y vivía en otra casa, con otro nombre en ese periodo sufría insomnios continuos, que no la dejaban dormir por las noches porque la perseguía siempre la misma pesadilla. Veía unos señores desconocidos muy armados que la buscaban en el dormitorio donde estaba durmiendo, debajo de la cama, en el ropero y en todas partes y ella se despertaba gritando y angustiadísima.
Durante muchísimo tiempo, toda su infancia tuvo esa pesadilla que la perseguía y ella no sabía por qué, de donde venía. Hasta que conoció su verdadera historia y supo que ella estaba soñando las pesadillas que su madre había vivido mientras la modelaba en el vientre. La madre, una estudiante de apenas 19 años, era perseguida de verdad por otros señores armados hasta los dientes que la encontraron y la mandaron a morir a Uruguay. Macarena estaba en el vientre de esa mujer acosada y perseguida. Desde el vientre padecía la persecución que su madre sufría y después lo soñó y se convirtieron en sus propias pesadillas. Ella soñó lo que su madre había vivido. Es una historia que parece una metáfora de la transmisión, de las penas, de los horrores, y también de otras continuidades que no son todas horribles.
