martes, 15 de mayo de 2012

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Dos leones amigos, bien tigrazos para conquistar leonas,  fueron sorprendidos por el rey Juan Carlos y un grupo de plebeyos cazadores. "Patas reales, ¡para qué os quiero?", se dijeron y diéronse a la fuga.

En la huida cada uno partió con rumbo diferente.

Uno fue para la selva y el otro para el centro de la ciudad.

Los buscaron por todos lados y nadie los encontró.

Después de un mes y para sorpresa de todos, volvió el león que había huido para la selva.

Regresó flaco, famélico y afiebrado. Fue reconducido a la jaula.

Pasaron ocho meses y nadie se acordó del león que había ido para la ciudad hasta que un día el león fue recapturado y llevado al zoo.

Estaba gordo, sano, desbordante de salud.

Al ponerlos juntos, el león que huyó para la selva le pregunta a su colega:

- ¿Cómo estuviste en la ciudad tanto tiempo y regresas tan bien de salud ? Yo fui a la selva y tuve que regresar porque casi no encontraba que comer.


El otro león le explicó:


- Me armé de coraje y fui a esconderme a la cámara de diputados. Cada día me comía a un diputado y nadie advertía su ausencia.

- ¿Y, por qué regresaste?, ¿se acabaron los diputados?

 - No hombre, nada de  eso. Los diputados nunca se acaban. Sucede que cometí un error gravísimo. Ya me había comido a:

* un coordinador de bancada,

* dos jefes de comisión,

* cinco diputados del verde,

* tres de Convergencia,

* seis del PRI

* tres del PAN

* diez asesores,

* dos del PRD

* uno del PT

* doce secretarias,

* quince choferes y nadie los dio por desaparecidos…

Pero un día que me comí al que servía el café… ¡ Ahí se fregó todo!

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